26.2.13

UN KUENTO

Es conocido de todos que hay ocasiones en las que es necesario ejercitar un derecho para que éste exista subjetivamente; es decir, que si no se usa no existe (o existe de forma latente, mejor dicho).
En el caso que nos ocupa, el de una persona despreocupada por estas cuestiones, se dio la curiosa circunstancia de estar convencida de que dentro de estas ocasiones a las que antes nos referíamos se englobaba el que todos los días cuando se ponía frente al espejo debía recordarse a sí misma que según la legislación vigente tenía derecho a la vida; así lo hizo desde que llegó a su mayoría de edad legal.
Persona de costumbres rígidas, todas las mañanas a la misma hora se ponía frente al espejo tras lavarse la cara y hacía susodicha reflexión internamente.
Y así llegamos al día en que ocurrieron los hechos.
Tras estudiar exhaustivamente la muerte del individuo en cuestión y consultar a los más eminentes doctores en medicina se ha podido saber que la muerte tuvo lugar en la mañana del lunes, y no habiendo hallado causa alguna que justifique esta muerte, se ha llegado a la conclusión de que aquélla se produjo por la falta de ejercicio del derecho a la vida, no pudiendo saberse pues si es un lamentable accidente o tan sólo se trata de otro suicidio.
FUCOL

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