A ella no le gustaba La Dama De Las Camelias antes de comer, por eso una vez traspasado el umbral del café (burguesa incorregible) se dirige hacia la butaca que hay en un rincón del salón y allí sentada lee incansablemente hasta que llega la hora de comer al día siguiente y (eso sí, siempre) después de comer volverá a leer La Dama De Las Camelias, por los siglos de los siglos, así.
KORTÁZAR
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