26.2.13

EL DIOS HUDAS (pronunciación aspirada)

El secreto que guardo en el sagrario de mi templo no puede ser silenciado por más tiempo. Ese al que vosotros ingerís y cuya sangre bebéis no es Jesucristo; os lo digo yo que me hice carne y habité entre vosotros.
Cuando en el Huerto de Getsemaní Jesucristo (omnipotente) vio llegada la hora de su entrega, fue vencido por la debilidad de la carne y trastocó la escena de tal suerte que su apariencia física fue desde aquel momento la de Judas, uno de los Doce y viceversa. Así, lo que ocurrió fue que en realidad cambió la posesión de su cuerpo por la del de Judas, e hizo a éste tomar posesión del suyo. ¡Cuál no sería la sorpresa de Judas cuando se vio venir hacia sí mismo y darse el beso delator! La escena no cambió aparentemente a lo previsto. Yo, en cuanto me apercibí del hecho, negué a Jesucristo la posibilidad de todo retoque posterior y le privé de cualquier poder, transmitiéndoselos todos al pobre Judas, que fue desde aquel momento mi hijo adoptivo, más digno que Jesucristo. Éste, viéndose abandonado, pretendió enmendar su error malamente y quiso que Judas no ocupara su puesto; por ello acudió ante los sumos sacerdotes a devolver las treinta monedas que en principio cogió -porque su primera decisión fue no alterar las escrituras- y les dijo que había pecado derramando sangre inocente. Al no ser atendido y creyendo que matando el cuerpo que habitaba se resolvía su problema, se ahorcó -tal fue el verdadero fin del Hijo del Hombre-; pero erró, porque desterré su espíritu hasta lo más hondo de los abismos, donde está sentado a la diestra del Ángel Caído.
P.D. Vid. la versión de S. Mateo.
VORJES

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