Mierda. Porquería por todos los lados.
Rodeándome siempre el hastío, la abulia, mientras que las hormigas se pasean de un lado a otro, sin detenerse nunca; a veces van despacio, pero la mayor parte corren.
Nos invade la prisa. La porquería ya está aquí. Dentro de poco todo será mierda rauda, veloz.
En realidad ya lo es.
Voy y vengo. De vez en cuando, subo a un promontorio, más cerca del sol, a mirar. Veo dibujitos negros, casi arabescos, pegajosos y malolientes en verano. Por allí va la gente, en ataúdes de colorines: cada uno elige el suyo. ¡Qué vida! Luego me voy, inyecto en mis venas algo que con el tiempo será aire. No me llaméis culpable, seguid resoplando y dejadme en paz. No puedo soportarlo. Voy a caer otra vez. Es mi única salida, ya casi lo necesito.
Midrda. Mierda. Nada más. Sólo eso.
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