25.2.13

LEYENDA EGIPCIA

Te contaré una antigua leyenda:
En el Egipto faraónico, un joven poco creyente se acercó de noche a una pirámide, y quiso saber si existía algún dios. Le invocó mentalmente:
-Como quiera que te llames, aparece ahora o quédate en mi nada para siempre.
Al joven le pareció que el viento se detenía y el tamaño de su cuerpo se reducía hasta ver el cielo desde abajo.
-He caminado la hierba, tu sombra, y he anidado en tu recuerdo.
Pero no era la voz del dios. Era su voz, aunque él no había hablado.
-Soy tu dios, no el de los otros, ni siquiera el de tu amada. Por eso soy grotesco como débil melancolía.
“Dame una prueba de tu existencia”, pensó el joven, temiendo hablar con Anubis.
-Ve y dile a tu amada: “He pisado el rocío pensando en ti, no en tu cuerpo. Quemaría tus entrañas si no se interpusiera entre nosotros la desdicha de tu ser”. Será tuya.
El joven, cabizbajo, se retiró a su morada. Quizá reflexionando en que los peces saben que no existe lo eterno. Quizá pensando que él era su dios.
Al día siguiente, su amada le correspondió en el amor, y él se hizo creyente. Nunca se supo en quién creía, porque no volvió a hablar, pero ya brillaron para siempre sus ojos.

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