Es sabido: la pobreza de la Humanidad radica en que mientras los recursos aumentan en proporción aritmética, la población lo hace de manera geométrica. Hay algo de falaz en este razonamiento, no obstante. Según se plantea, parece que sólo hay dos alternativas y ambas utópicas: que se consigan recursos para toda la población o que ésta disminuya hasta el punto en que haya recursos para todos. Hay una fisura: el argumento se desmorona si la población se convierte en recurso. Sólo es necesario imprimir un ligero giro a los prejuicios éticos y no desperdiciar tanta carne como se hace a diario. Igual que la mierda humana es el mejor abono, nuestra carne es la más cercana y apetitosa. ¿Qué mayor proximidad con los difuntos queridos sino convertirlos en parte de nosotros, carne y sangre del propio cuerpo? Es posible que al fin, y según algunas creencias, su espíritu -siempre bueno y altruista- se integre también en nosotros para salvar a la Humanidad.
MALZUS
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