Datos personales
Nombres DELI, MARU, BEA & LUIS.
Apellidos: RESPECTIVOS
Domicilios (O)VARIOS
{EXPEDICIÓN A LAS TIERRAS/AGUAS DEL NORTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA}
[Bajo los auspicios de ninguna majestad que valga]
En el año de la señora de mil novecientos noventa y siete (año seis sin cristo)
LA NUEVA ERA
22/7 Tarde: Nos reunimos los cuatro a tomar café con Colombo y Siesta. Vemos los mapas del ejército. Decidido: iremos en 2 coches.
24/7 Tarde-noche: Deli y yo fuimos a ver a Bea, según lo convenido. No estaba.
24/7 Noche: llamada a Bea. Se interrumpe por un ruido extraño. Es posible que nos estén espiando.
Más noche: Bea llama. Casi seguro, nos iremos el día 2.
Al día de hoy, 25 de Julio, comienzan las anotaciones en este cuaderno, con el fin de ir tomando cumplida cuenta de cuantos aconteceres fueren relevantes: aprender de los errores, recordar detalles que la memoria nos falsea y materializar destellos de felicidad que de otra manera serían sólo espirituales. Esos tres objetivos nos mueven a ir apuntando, mas si en el camino surgiese algún otro, añádase a la lista de sinsabores antes indicada.
Sin más dilación, paso a relatar los hechos más relevantes de los sucedidos hasta ahora. Como una idea más, surge la posibilidad de la expedición. Poco a poco, toma forma en la posibilidad de coincidencia de fechas.
[S. MARTÍN ------- (SOMIEDO)
TEVERGA PICOS
N. LEÓN
1.000 pts/noche.
2-AG ---- TVega—TORINVIA
3-AG –noche- S. MARTÍN
DETECTOR METALES
ALBERGUE------------------------7.000
98-5764454----------2048-0045-46-0340004460]
En el documento adjunto, se plasma el resultado de una conversación telefónica entre Maru y yo. Finalmente, con fecha 14 de Julio hago la reserva para las noches del 3/8 al 9/8 ambas inclusive y sin sábanas. No hay que olvidar la entrevista de Deli y Luis en el despacho de Maru, que nos costó una barra sobaquera y perder media mañana hablando del innombrable. Menos mal que las desgracias de la vida, sabemos sobrellevarlas con buen humor, gracias adiós (hasta luego).
Parece que todo está bajo control, excepto el detallito del detector de metales. Parece que sí lo teníamos esperando en ¿Hydria? Tras indagar en los submundos del trapicheo de máquinas, en Salamanca nadie tiene uno prestable. Lo más sensato es comprar en el PRYCA de Santander un detector de tuberías y devolverlo antes de 15 días (gratis). Tampoco hay que organizar la excursión con la referencia del oro, que no es lo más importante (está lo de la depilación: Maru—22/7; Deli—25/7?), y como dice Deli, a ver si al final lo único que vamos es a buscar la pasta, como dijo Maru de la conciencia ambiental de no sé qué excursión.
Es el caso que a 24/7, casualmente en Cáceres llegó a nuestras manos el número de teléfono de un señor (Luis) que vendía uno de segunda mano, y tras llamar al 225950 (o algo así) quedamos Deli y yo con él para tomar una caña. Son 110 talegos el precio (imposible) le planteo el alquiler y se niega, pero intenta quedar por la zona (no sabe cuál es), dice que va a Galicia en esas fechas. La entrevista que mantuvimos fue digna de grabación, pero no se puede prever todo. En resumen, por un momento nos vimos inmersos en ese submundo de buscadores de tesoros: la fiebre se les sale por los ojos. Nos escrutó y nos contó, se descubrió para intentar descubrirnos. Estuvimos entre guardias civiles, jueces y médicos numismáticos, rozando la legalidad del patrimonio histórico por unas cuantas monedas. Con él subimos a un castro a las cuatro de la tarde en agosto; hurgamos en bibliotecas para averiguar valores culturales y económicos. Nos empapamos la historia de las monedas romanas en cuatro tomos encuadernados en piel. Pudimos asistir al advenedizo agricultor descubriendo en sus tierras figurillas de oro macizo. También nos regaló porcentajes, y la calderilla de todo lo que no sea riqueza absoluta; el hallazgo de una vida: la droga dura subiendo hasta la cabeza en medio de fines de semana que se va de caza hasta con sus hijas. Una edípica relación con la madre, el apego a la tierra, el respeto y la envidia... Viste ropas caras, es un buscavidas, pero se le va la lengua, le traiciona el inconsciente al pensar que está ante dos pardillos con ojos como platos.
[Jesús Pérez
(el médico)
212032
DONATA (923)300398
279100 370065]
Después del desayuno del lunes. Sobró pan gracias al egoísmo de Bea (yo misma) y al poco sentido del honor mañanero del resto. Llegamos a San Miguel el Domingo allá a las 20:30 h. (+ó-) después de pasar la noche del Sábado en Torimbia, tal y como habíamos planeado. El viaje hasta Torrelavega: bien; la comida con los Maru’s fathers: abundante; la visita del Marqués y Bea (no yo misma): ... escasa –pasamos media tarde y media noche esperándoles-; la playa: preciosa; la noche: larga y en vela.
Detallemos – El Menú de la Sra Felisa fue completo: almejas, gambas, ensaladilla, tortilla de patatas, espárragos, pimientos rellenos y unas chuletas de ternera que no la dejamos freír. Vimos la foto de comunión de Maru, a su sobrina, a Winston y a la cuñada (jornada completa, vaya). Y ya que me ha tocado el muerto de escribir me explayaré... que no, que ya corto. Nos fuimos a las 4 y después de un intento vano de abandonar los chorizos que tan felizmente nos habían acompañado desde Béjar. A posteriori recibimos nuestra merecida recompensa ya que de vuelta ya en la muy noble y leal ciudad de Béjar, nos devolvieron el favor enviándonos unas magníficas anchoas de Santoña. Bea y el Marqués “esperándonos” en Llanes. Mucha gente, unos mimos terribles, un chocolate caliente y a buscar la playa nudista con otra incorporación (muy linda, por otra parte)... se llamaba Patricia.
Nos bañamos esa misma noche y pudimos cenar gracias a la invitación de la Sra. Felisa, que nos metió lo que Luis había dejado de tortilla, pan, queso y un “poco” de jamón. Y jugar a las palas no es cuestión de explicar en qué consiste, baste decir que no es para la gente de tierra adentro. El Marqués, Bea y Patricia desaparecieron, supuestamente a por más cena y bebida, a las 10, reapareciendo a las 12 y... con los estómagos llenos y el agua corrupta que Deli llevaba en el coche Dios sabe desde cuándo. Gracias a mi cabezonería nosotros 4 hicimos poco más que una fogata deseando compartir nuestros manjares con los cántabros desaparecidos. Vaya, que al final comimos solos, tarde y secos.
Como ya he dicho dormimos poco, excepto Deli que amaneció adherida a su saco y así permaneció hasta las 10. Para entonces los demás habíamos jugado a las palas y nos habíamos dado un par de baños (los demás éramos Luis y yo).
Bea dice que Luis enterró a Bea y encima a Deli (de lo cual hay testimonio gráfico). Una vez resucitados partimos para San Martín. El camino sin incidencias, salvo la sorpresa de llegar sin problemas y un hijo puta que conducía un camión lechero y que nos tuvo a 60 km/h más de 1 hora.
El albergue está bien (de fondo tengo una conversación acerca de la depilación, sus formas y la conveniencia de que los tíos se afeiten con cera. Bea nota que tiene mucho menos desde que usa cera).
Después de colocar los bártulos vimos la necesidad de jugarnos a las cartas quién pillaba las camas y quién las literas. Bea y yo perdimos. No trinquilimonqui (no sé si es junto o separado) [es juntos/as].
Hay que recordar un bar con una tía encantadora (pero no estaba buena) que nos puso unos supersandwiches que estoy segura repetiremos.
En realidad era una antigua mujer de moral distraída que tuvo que retirarse de la profesión al quedarse embarazada en un descuido. Su propia madre la montó el bar de hamburguesas en un pueblo donde su pasado era desconocido y tan feliz está desde entonces que contagia esa alegría a todos los que pasamos y compartimos con ella un sandwich, una hamburguesa o un simple chupa-chups de fresa. El hijo tiene ya 11 ó 12 años y la ayuda en el garito.
Que ponga lo de los carriles, bien, en esta zona existe la posibilidad de multiplicar por 1’5 lo que antes era una carretera de 2 carriles. Consiste en partir por la mitad el carril que vaya a tener menos tráfico, con esos pivotitos naranjas que se usan en las obras y avisar con un cartel que se puede circular por el arcén. El otro queda por tanto doblado y si te gusta el peligro, puedes adelantar arrimándote a los pivotitos antes mencionados “sin miedo” a encontrarte con uno de frente. Curioso.
Debe ser peligroso circular por este planeta en bicicleta por el arcén.
A Martes 5.8.97 (nunca me acostumbraré a escribir cualquier cosa en Julio o Agosto). La mitad de la comitiva está muerta, una cuarta parte a lavarse los dientes y el resto intentando seguir este diario que promete, al menos, olvidar poco. Por de pronto cuento la Feria del Queso gracias a la que comimos –y bebimos- el Domingo. Era en Llanes y a pesar de llegar a 10 minutos de su cierre nos dio tiempo a tupirnos a 4 tipos diferentes de queso y a ducharnos escanciando sidra (fotos tendremos de Maru y Luis). Desde luego, nos pusimos a gusto.
A ver si aclaramos algo: nosotros/as nos quedamos en Teverga, no en Somiedo.
Pto San Lorenzo ruta del oso
TEVERGA
SOMIEDO San Martín
Brañas
Pto Ventana
Lagos
LEÓN
embalse
+
-
Ayer, nuestro primer día en San Miguel, preferimos hacer compras y recorrernos pueblecillos con el coche por aquello de descansar antes de recorrernos Somiedo. Así pues nos levantamos allá a las 10 y, aconsejados por Maru que es la entendida en bichos, nos acercamos a Proaza a ver la Casa del Oso... ¡terrible! Paso de reseñar el más mínimo detalle de tan escasa falta de imaginación y decepcionante apuesta por el pobre animalito que qué culpa tiene. Siguiente.
Iglesia Románica del S.IX en Tuñón (Sto. Adriano creemos) con susto mortal [Maru no quería y Deli no sufrió tanto] para Deli y fotos fantasmagóricas a tutiplén. Pintoresco.
Buscamos un sitio [Por el camino de las Xanas, ruta cercana] para comer y Luis ¡hale más p’arriba! Hasta que Beatriz “miedosilla” puso morretes y nos quedamos en un escondite, bajo un avellano, junto al río de lo más mono. ¡¡Mierda!!, se nos ha olvidado la mayonesa. Lo demás, bien.
Y en la tarde la idea fue de Deli: el puerto de Ventana. Aún no tenemos la certeza de que exista, desde luego: carretera sí, mucha, pero nada más ¡¡nada!!, perdón: 6 ó 7 vacas que se empeñaron en hacerlo más difícil –la aventura es la aventura-.
Y la noche sirvió para descubrir un garito de titiriteros, donde jugamos al futbolín, a los dados y al 7, 14, 21. La jugada no resultó del todo explosiva hasta que nuestra imaginación malalechiara dio sus frutos (tequila, helados -3- , Martini, chicles (-todos-, banderillas –hasta 8- y un riquísimo Red-Bull ¿verdad Luis?).
Nos quedó pendiente una visita a los Abrigos Rupestres de “no sé dónde” por estar a... ¡¡media hora de camino!! Desde luego nuestro interés espeleólogo se había saciado con la Cueva Huerta donde todos se jugaron el tipo menos yo, para variar.
5/8/97
Amaneció cubierto en cubierta, y ante la perspectiva de marejada decidimos hacer la del oso (la senda), que prometía ser fácil y sencilla. Bea busca novia con todos los huesos fuertes (+ o -). Como se verá, las cosas no fueron una balsa de aceite, como imaginábamos. De los 22 km. Que en principio formaban la senda, varios se hallaban habitados por túneles y ciclistas, alguno que otro por fuentes y avellanos, pero en lo plano de la ruta, aún hubo sitio para unas oscuras y agrestes rondas verdes y frescas, incluso pájaros de pecho encarnado y un par de osas (Paca y Tola) que ya conocíamos del vídeo pen-oso.
¡A quién se le ocurre salir a la montaña con 4 momias durmientes! Aquí me encuentro el Miércoles 6, escribiendo antes de desayunar, con un Sol espléndido, porque nadie es capaz de salir de su cascarón. ¡¡Buenos días!! Voy a liar lo de Luis y sigo con la crónica.
Un poco exagerados sí que son todos. La caminata fue, cuando menos, agradable, larga, de acuerdo, pero toda llanita y con cartelitos a los lados para indicarte dónde mirar o si había que tener cuidado con las piedras o si esa cosa de color asfalto que había que atravesar se llamaba carretera y pasaban coches. Quizás lo peor fue el rato de la comida y la culpa, diga lo que diga Luis, fue del Sol. “Jartos” de andar por aquel suelo duro que antaño fuera una vía de ferrocarril nos decidimos a aliviar el peso de la mochila que ya se hacía insufrible. Descartamos como 3 sitios a más de 300 m. uno de otro por oler mal, estar cerca del río o tener muchas piedras y, finalmente, elegimos un precioso roble a la... ¿derecha? Del camino bajo el que no había planicie suficiente. “Da igual, nos ponemos al Sol ya que no va a salir en todo el rato” dijo Maru la entendida que entiende (?) de todo. Por supuesto, el Sol duró lo que la comida y tuvimos que trasladar todo nuevamente al no-sitio del roble.
Llegamos. Antes de llegar (son 20 km., no 22 –pueden ser 22, date cuenta de que el coche no se deja al principio de la ruta-), el caso es que llegamos. Antes de llegar, sucumbimos al encanto de las grutas y los túneles de final del recorrido. También aunque menos romántico al frescor de 2 tónicas y dos helados en forma de hueso que sabían a limón.
NO FUE ESTE DÍA:
Nada reseñable hasta... hasta el 7, 14, 21. La cosa ocurrió como sigue: parece ser que hay una panda de titiriteros afincada en un banco que a su vez se adosa a un bar. No tiene nada que ver con el juego pero sirven para identificar el lugar.
Una vez dentro Luis y Yo tuvimos que demostrar a los lugareños que sabíamos jugar al futbolín (¡Qué paliza les dimos!) y a luego (sic) se le ocurrió a Luis (no viajéis nunca con un filósofo o llevaos cascos [Álvarez]) jugar al 7, 14, 21 (7 pide, 14 bebe y 21 paga).
Una vez en el Albergue echamos una partidita de barcos; la masacre fue terrible, sólo faltó que Deli nos hubiera dicho la estrategia antes de comenzar. [En realidad no eran barcos, sino molinos de viento, pero hay gente por el mundo que no sabe contra qué lucha, y cree haber vencido en batallas que nunca tuvieron lugar, históricamente hablando]. Fuimos a comer unos pinchos mejicanos [Eran australianos, ¿o no recuerdas cómo saltaban los de Deli de su bocata, al vino, a la mesa, al plato? Fue toda una cacería], unas pelotillas de aspecto sospechoso que gracias al picante no descubrimos qué contenían.
A la cama.
MIÉRCOLES Decidimos subir al Lago del Valle, no confundir con el nombre del pueblo desde donde se sale (Valle del Lago). Teníamos que pasar por el Puerto de San Lorenzo (esta zona está llena de santos) llegar a Pola de Somiedo, donde te venden unos marca páginas a 475 ptas. De aquí a Valle del Lago por una carretera muy estrecha, muy empinada y con muchas curvas. En algunos momentos dudamos de la pericia de Deli sobre todo cuando se volvía a mirar el paisaje.
(Se me olvidaba: en el puerto de San Lorenzo hay una perra mastina que se come el pan que le echas). Si dejamos a Beatriz darle de comer, hubiéramos tenido que matar una vaca. Una buena idea comprar al panadero un pan dulce de a 300 ptas. que sabía a gloria.
Nos dimos cuenta enseguida de que no éramos pioneros en aquellos lares; unos iban en caballo, otros en 4x4, otros andando y nosotros que nos unimos a la romería (Maru notablemente mermada [mermelada] en sus facultades físicas debido al grave desgarro muscular de sus piernas). ¡¡oooooh!! (ji, ji, ji --- dice Deli). Al poco de empezar el camino surge una división: a la izquierda los lagos de Saliencia (3 h. de recorrido) a la derecha la subida al Lago del Valle (1 h. 35’). Al cabo de un rato otra bifurcación: a la izquierda un camino que atraviesa pastos y a la derecha un camino que pasa por chozas [brañas] a la antigua usanza un poco más largo que es por el que nos decidimos.
Maru dijo entonces la famosa frase de: la monotonía de lo impresionante. Sin embargo, Bea en su afán de protagonismo la mejoró de la siguiente forma: la monotonía de lo impresionante quedó rota por el vuelo de un alimoche.
Era cierto, un alimoche. No se le puede negar a Bea su capacidad de observación y encima la muy jodía acierta.
Llegamos al lago.
Todo, todo, todo llenito de agua, y por encima nubes. Muy ingenuos buscamos una zona de playa para descargar las mochilas y al momento empezó a llover, pero de verdad. En lontananza Maru divisó un... chamizo (+ ó -) de hojalata donde nos resguardamos de la lluvia y no sólo eso, también nos sirvió para hacer fuego ya que en una de las esquinas estaba abierto el techo a modo de “chimenea”. Calentamos la fabada, asamos el choricillo (“mu rico por cierto” dice Deli) y comimos en el jardín pues Lorenzo se dignó visitarnos again.
Después la correspondiente partida de mus y no me acuerdo del resultado, o sea que da igual. [Según: en toda voluntad de olvido yace una voluntad de no haber perdido; justicia histórica] De nuevo el cielo amenazaba con caer sobre nuestras cabezas así es que cogimos los bártulos y comenzamos la bajada (¡ah! señalar la escatológica forma con que Luis apagó las brasas). Lo que al subir fueron dos horas se transformaron en justo la mitad. Suponemos que las alubias hicieron su efecto impulsor.
No comprar nunca una capa de agua de color rojo si se prevé que en el campo hay toros.
En Valle del Lago nos tomamos un refresco (en casa “La-torio”) y compramos unas pegatinas de Tola y Paca. Maru quería un palo, y no se lo compré.
La vuelta al albergue resultó más o menos [visitamos a la perra comepán] como la visita al Pto. Ventana, esto es, Maru roncando, Luis intentándolo, Deli conduciendo y yo acojonadita. [Bueno, quiero anotar aquí que siempre supe de las dimensiones de mi boca porque soy capaz de comer un sandwich de 3 pisos pero no conocía el tamaño de mis cuencas oculares hasta que el coche de Deli derrapó en una de las curvas. Ahora estoy más feliz de conocer mejor mi cuerpo]. Pero resultó. Llegamos, nos duchamos, descansamos, comprobamos el alto precio de los espárragos por estas tierras y nos decidimos por el Mirador II, como siempre. En “Cifras y letras” tampoco me acuerdo del resultado. [Yo sí, fue EL RESULTADO con mayúsculas, como siempre: adivina quiénes ganaron].
HOY JUEVES
Hoy es jueves, 7. Aquí estamos después de comer en Lagüelles, un pueblo inundado por el Pantano de Barrios de Luna donde se suponía íbamos a encontrar monedas de oro. Salíamos contentos y confiados con la esperanza de volver ricos con la pala, los mapas, la botella de agua vacía (¿verdad, Deli?) y comida, mucha comida. También llevábamos una funda para prismáticos... llevábamos.
Llevábamos, llevábamos, ahora todo es pesimismo, no, no nos hemos hecho ricos pero no ha sido por falta de monedas de oro, sino por falta de botellas de oxígeno... ¿Quién iba a pensar que el embalse no hubiera bajado lo suficiente? ¿eh? una no puede estar en todo.
*Anotaciones al margen.
Disculpas, disculpas, que si un paseíto, 45’, ésta es la última subida, ¿os había dicho lo del río? Y Deli que se ríe y Luis que no se lo cree y yo que empiezo a cabrearme, lo de siempre.
El caso es que tras darse cuenta Luis y Deli que con una pala de transplantar flores no podíamos desenterrar el pueblo nos pusimos a comer pero ¿y el agua? Voluntaria Delia María que gentilmente se ofreció para ir al regato a coger el agua.
Empezamos a sospechar algo cuando no podíamos localizar a Deli con los prismáticos pero era impensable que hubiera ido al río a por agua teniendo un regato cerca. Lo hizo. Fue al río, con lo que Luis, Bea y yo tuvimos que esperar su llegada con el menú dispuesto en una mesa de piedra que para la ocasión habíamos encontrado.
Del Mus no me acuerdo bien y Bea creo que tampoco [¿por qué será?].
Recogemos los bártulos y decidimos volver, pero a Beatriz, precisamente la más intrépida, se le ocurre subir campo a través en vez de rodear el embalse.
Camino
idea de Beatriz
Nosotros
AGUA
Ni qué decir tiene del descojono que se habrán tirado los jabalíes del bosque. Con las piernas destrozadas retomamos el sendero primigenio e iniciamos el regreso.
En la vuelta recuperé la funda de los prismáticos, en realidad unos turistas que venían la habían encontrado.
Cogimos el coche y de vuelta paramos en Torrebarrio y más concretamente en el mesón “el Ancla”. Dos cosas reseñables:
-El palo que nos metieron en las consumiciones.
-13-3 resultado con el que Beatriz y yo ganamos al futbolín. No coments. [Sí ‘coments’: ¿cómo es posible que con 4 bolas se sumen 16 goles? Respuesta: con multiplicación de panes y pelotas, mucha bola extra y alguna que otra trampilla...]
Ya de camino al Albergue había que pasar el Puerto Ventana, con niebla como siempre. ¿No fue aquí donde Luis y Maru animaban a Deli con sus gritos a cada curva en la que la diestra conductora decidía deleitarnos con un trompo? Una no sabe qué pensar pero Deli se mareó y al llegar Beatriz echó la raba encima de un bonito Alfa Romeo.
No hicimos más porque estábamos cansados y nos acostamos.
VIERNES______
Un pequeño inciso para reseñar mi éxito con las alberguistas de la 105 sobre todo una morenita de pelo rizado, la misma a la que Beatriz sorprendió en la taza del W.C. al abrir la puerta.
Mi modestia me impide hablar más sobre este Tema.
El viernes fue el día destinado a las brañas. Fuimos a Villar de Vildas para hacer la ruta de “La Pornacal”.
Había dos paradas respecto a la rutita en cuestión. Afortunadamente hallamos en la subida a la primera braña [parecía la aldea de Asterix] una ruta alternativa a los turistas (me parece que eso es del día del lago, así que paso a otra cosa –es que se me funden los días). No. La primera braña [Braña de la Pornacal] tenía un montón de habitáculos, y estaba relativamente accesible. Todo un precioso poblado veraniego. Allí hicimos una paradita de descanso para reponer H2O y fuerzas. En la fuente tuvimos una visita de lo más... suculento: una perdiz tamaño elefante con sus perdicitas se nos pusieron a un tiro de piedra. No me dejaron. Continuamos a la segunda braña, siempre subiendo como indican los mapas (¡qué bien hechos están, que lo aciertan todo!). Allí sólo había un par de cabañas, pero el paraje era mucho más idílico, con menos cuestas. Nos dispusimos a comer (previas afotos) y entonces vino a escoltarnos la mastina más lista y omnívora del mundo. Despistada como bien se pudo, a la vista del oscuro panorama que se perfilaba nos retiramos hasta la primera braña, donde dimos buena cuenta de una partida de mus (¿el resultado? el de siempre ¡qué pregunta!) y emprendimos ruta de regreso hasta el vehículo. Hicimos una paradilla para tertuliar la fuerza bruta característica de los bípedos irracionales (coritos, en este caso). Ya de vuelta en el albergue, a no ser que me olvide algún detalle mantecoso sobre desnudos integrales y toallas eróticamente dispuestas sobre cuerpos serranos, creo que no hubo sino cansancio y ganas de reponerse.
¡Ay, que no! Nos emperifollamos (cada uno/a a sí mismo/a) y nos dispusimos a frecuentar los viciosos círculos culturales de S. Martín, con harta sorpresa al ver desfilar ninfas y nínfulos sobre un mostrador donde se administraban sin pudor elogios y nefandas antirrecitaciones –sin respetar a clásicos o contemporáneos- en una mirada de ombligo sólo comparable a los recitales de la camarilla Luis Felipe. Mutis por el foro, la del estribo y camita (ahora sí, por fin).
Antes de pasar al sábado, hay que decir que circula por entre estas tardes una en la que tuvimos el gusto de disfrutar paladeando El Cigarral regado con unas sidras autóctonas (hubo quien comió cecina, o chorizo, no sé, [¡¡LoMo!!] algo de eso) mientras intercambiábamos opiniones y diferencias sobre el compromiso social y la imposibilidad asumida de posturas revolucionarias. Menú algo indigesto, la verdad: lo dicho, no sé qué día fue, pero por si acaso fuera este, aquí va. Alguien reseñará el lugar que posea mejor memoria que un servidor.
SÁBADO, SABADETE...
Dedicamos el día –ya con el coche de Maru repleto de sidras y trastos, y ambas ocupantas dispuestas al camino sin retorno- a pulular por varios aledaños: el primero [No, zeñó. El primero fue, ¡al fin! La colegiata de San Martín. Recuerda: cura con móvil, espera al fresquito, momias vampirescas e Iglesia de lo más cuco (Deli tiene fotos).
Luego volvimos a la Casa del Oso a por regalitos para nos mismos pero también en esta ocasión resultó de lo más decepcionante: ¡na de na! Y lo segundo sí fue lo de Quirós] Quirós, sorprendente nombre en los indicadores que nos llevó a buscar un pueblo inexistente, pues denomina al Concejo en cuyo seno no ha lugar el queso, objetivo que nos llevó hasta él. Salvada la situación con la vuelta por el mismo sitio, decidimos silbar mirando al cielo, que siempre es una manera socorrida de hacer el panoli. Para premiar nuestra perspicacia, y olvidar el tardío descubrimiento de unas playas tentadoras, decidimos comer fuera, puesto que fuera nos hallábamos. Así, buscamos un pueblecito que empezaba por F y se hallaba al final de un camino (no puedo dar más datos), con la ingrata sorpresa de que había muchos hórreos y gallinas, sí, pero allí sólo comía quien tenía casa. Nos fuimos por no comprar una y nos perdimos unos/as con respecto a otros/as, de tal suerte que jugando al escondite nos dieron las tantas. Menos mal que conseguimos comer, nos sirvió Emma Suárez en feo (?), chica que pensaba que el jamón era una verdura. Jugamos al precio justo, para ver si alguien se libraba de pagar, pero afortunadamente nos pasamos todos. Nos fuimos a nuestro querido puerto Ventana (hoy abierta al público), pero de camino paramos en un hayedo y cogimos cuatro preciosos brotes que apadrinamos voluntariamente para cuidar en el futuro. Una experiencia religiosa (tachado) lírica (¿en qué estaría yo pensando?). En Puerto Ventana volvimos a arrasar [!cosas oyeres Don Sancho...¡] (perdón, jugar) al mus y nos dimos los dos únicos besos del viaje (pocos, para Maru; pero si lo hubiera dicho antes... la próxima vez será diferente) que sirvieron como broche de oro a esta expedición que buscando ídem encontró un tesoro aún mayor: el hallazgo de una nueva manera de disfrutar la compañía de los seres queridos. ¡Qué bodito! ¡Qué parroquial!
¿El viaje?, bien. Reseñar únicamente la bestial granizada que intentó abollar al pobre Igor en León. Tras la marcha de nuestras más queridas amigas en ese momento al menos, Deli y yo nos dimos un paseo que concluyó un par de horas o tres más tarde en el mismo puerto, ya que a punto estuvimos de descubrir y sorprender a una vaca en pleno parto. Como se fue a esconder, tuvimos que desistir y dedicamos el resto de la tarde a un mus entre dos en el bar de los titiriteros. Dormimos con dos extranjeros y un chico trajeado en la 202, y alegremente nos despedimos de los amables mozos del albergue llevándonos como botín 14 ó 15 azucarillos de coches.
DOMINGO
Rastreamos iglesias, monumentos, conventos, ruinas y demás mejunjes de piedra, mas sólo dimos con una iglesia demasiado restaurada, regentada por un cura que no tenía puta idea de nada. También tuvimos la oportunidad dorada de subir a Peña Tú, sólo amargada por un madrileño dominguero de 4x4=16 collejas. Disfrutamos incluso de las cuevas del Pindal, huimos de esta época para abrazar nuestra prehistoria de manos (su voz acariciaba) de una chica encantadoramente preparada para transportarnos con dulzura a una época sin duda más ruda que ésta, pero también –seguro- más humana, menos falsa y contaminada: más natural y animal. Contraste horrible con los quesos de Panes, ya esquilmados por hordas de turistas cuando alcanzamos a ver el panorama desolador. Llegamos a casa del Marqués, donde nos esperaba alambre de espino y la ruta de Tresviso.
Aquí, sin embargo, no continúa lo anterior, sino que comienza otra historia bien diferente, para todos...
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