10.4.11

UNA HISTORIA DE AMOR

Este es un día sin historia. Hoy nadie ha invadido Afganistán, ni hay guerra en las Malvinas, ni se ha ocupado Granada.

Este es un día con historia. Me miraba con sus ojos azules, sin decir nada, porque no era necesario. Todo estaba de sobra.

Me miraba desde más allá de Reagan y Chernienko, desde más allá de los gobiernos, de los parados, de los asesinos, de los asesinados, desde la séptima mierda.

Allí, donde nada huele ni asquea, donde se mira a Thatcher por encima del hombro, donde Mitterrand parece una hormiga, hay ambientador.

Mi periódico, en la edición especial de la tarde, lo decía en primera página. No era para menos.

Sus ojos azules, qué maravilla. Se reflejaba en ellos el número de la lotería, y el resultado de las quinielas, y la cárcel, y el manicomio.

Pero los reflejos son ilusiones, apariencias.

Además estaba la vida, pero no reflejándose, sino dentro de ellos, en la séptima mierda.

Pero el interior es sueño, irrealidad.

Y todas las hormigas que se ven desde allí, desde la séptima mierda, dan risa. Desde allí se ve a todo el mundo en cualquier sitio, a Reagan, Chernienko y Thatcher, a ella y a mí; en Granada, Afganistán y las Malvinas, y en sus ojos azules.

Y todo da risa.

Desde la séptima mierda.

Todo.

Menos el sueño, la irrealidad, que es la séptima mierda.

Ya no hay cielo, es todo mierda.

Todo.

Incluso el sueño, la irrealidad.

Todo.

Y ¿para qué sirve la mierda?

Para nada.

A pesar de eso, en la perfección del cuerpo humano, entre la mierda siempre habrá algo que valga, un átomo de materia aprovechable.

Sus ojos azules...

En la séptima mierda.

...

Quizá mañana mi periódico en una edición ordinaria diga que no, que sólo hay seis mierdas, ni una más, pero ¡eso qué importa! Hoy son siete, hoy hay sueño, hay irrealidad.

Quizá...

... me resisto a pensarlo, pero quizá...

... quizá esos ojos azules sean de Thatcher.

...

No, no quiero.

No quiero que ya sea mañana, no. Quiero que siempre haya ojos azules que me miren desde la séptima mierda, porque aunque en el fondo la séptima mierda sea onírica quiero amarla, quiero existirla, quiero realizarla, a pesar de no poder del todo porque estoy casi seguro de que al menos uno de esos ojos azules es de Thatcher.

Lo sé.

Siempre es así, y ni siquiera la mierda número cero, la inexistente, la omnipotente, la misericordiosa, puede evitarlo.

Quiero que ese ojo azul, el bueno, sea interior.

El de cristal ya sé que pertenece a una mierda, el número (del uno al seis) da igual.

Te quiero, ojo interior, azul, onírico, impotente, fugaz, hasta quizá... ... quizá inexistente.

Que no llegue el hedor a la séptima mierda, por favor.

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