10.4.11

FUT

A Clara
A Marcos Ricardo Barnatan

Tú nunca supiste que yo era Antonio. Desde la ventana del apartamento miras hacia tu desgracia. Largas esperanzas se deslizan en los diarios, pero siempre hay algún vudú esperando en las azoteas. ¡Con qué facilidad se mezclan los aromas en el lecho!

Ni siquiera los inviernos traen como antes la melancolía adolescente. Irreprimibles, los tacones y los vestidos de flores a tus espaldas. El futuro atrapa incluso a los fuertes, cuando es destino.

Mi sombra sobre el muro de ladrillo, pero a enorme distancia de tus besos. Y la pitonisa lo supo todo desde el tiempo ancestral.

Las alfileres inmóviles aún lloran su tarea, sin adivinar que las palabras han estallado. Me miro las manos. Una lluvia fina intenta atravesar los cristales. A lo lejos se oyen niños jugando.

Te reías del placer de los idiotas. Yo aplaudí, pero con desgana; sin asegurarme de que fueran ellos. Resulta absurdo pensar que siempre hay una lámpara inmóvil, con la importancia de un monumento. Se recuerda más lo que no se vive.

La tierra de Fut. Todo son quimeras en el mundo de los muertos. ¿Qué se necesita para trascender, y llegar a la frontera? En las noches del ecuador hay una respuesta, para una pregunta que no existe.

Cada parte inservible de tu cuerpo está ahora sufriendo consecuencias. Y yo descanso horas innumerables, como temiendo vivir. Es la condena de los inocentes. Casi reptiles, los transeúntes.

Imposible que lo supiera alguien cuando no había ocurrido todavía. Miro los libros y adivino tu voz; pero sigo fumando. Para los ineptos se trata sólo de columnas y anuncios. Ni Fut podría haberse escondido mejor. Pero tiene que haber indicios. Los encontraré en el cielo raso.

Antes no era la felicidad, pero había sol. Algo como tú saliendo desnuda de la penumbra. A lo lejos una iglesia en ruinas. Fluyen los huérfanos en los precipicios.

Siempre me intrigó tu sexo. Escucho letanías cada noche, y me descubro al despertar. Ahora te da de comer.

Suena un barco a lo lejos; yo fumo; tú haces el amor con otro desconocido. Es la señal, otra vez me acerco a vomitar. El camino a la tierra de Fut me reclama.

Soy Antonio; fue lo que no dijo la pitonisa. Tú sonreíste sin saber que yo sufriría. Y cada vez que nos besábamos en la mejilla... Es tarde. Se cumplió lo escrito.

Bebo con violencia. Intento verte en el centro de mi laberinto; la noche no es posible para mí. Sólo recreo tus senos como eran antes. En la claridad del estío se rebelan mis ideas. El indicio es imposible. No es la pitonisa la dueña de las alfileres.

La carretera no se mueve. Cada milagro de la peste me hace oir tus pasos. Sólo el poeta te salvaría. Y tú sonreiste.

La bola inmóvil reflejaba la luz de las velas. Me levanto para asegurarme de que todavía llueve. Ahí está Fut. Quizá un día tome su camino.

Tú, inmóvil en tu desdicha de pan sin amor. Sabrás por el auricular que otra vez comienza el rito. Deseé susurrarte mi poesía con la excusa de la mejilla, y me besaste sin saber.

El mar, desconocido tras las vidrieras de colores. Tú eternamente caminando en la senda del dolor, del amor con dolor y sin amor; pero ante todo con renuncia.

No a mí, que ni siquiera me recuerdas. Renuncia a ti.

La radio, a lo lejos, grita sin hastío. Sé que dejaré de amarte cuando muera; quizá mañana. Pero también sé que no llegaré a Fut. Las fuentes de lágrimas lo impiden.

Acaricié tu sexo una vez, ¿lo recuerdas? No; yo no soy rico. Soy poeta. Los poetas no son ricos. Soy Antonio. Pero tú nunca lo supiste. Ni siquiera viste que la pitonisa me miraba, porque estabas sonriendo.

Lloraré hasta el infinito pero fumando. Recuerdo que en Fut las putas golpean las puertas al salir; al menos antes.

Dios se ha olvidado del amor.

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