13.4.11

EL GRAN MURO (THE BIG WALL)

«Puedo verme entera en un espejo negro,
pero mi círculo no es perfecto.
En el tapial, he permitido la fisura de una puerta».
Ana Basualdo

A la familia
A Gervasio

Les contaré ahora una historia sucedida en este mismo país hace muchos, muchos años, cien por lo menos. En aquel entonces las cosas no eran como ahora, pero así y todo nunca fue bien comprendida.

Hubo uno de esos millones de emigrantes que caían por aquí, pobre como todos (quienes no de bolsillo, de espíritu y algunos de ambas cosas) pero hizo fortuna, nadie supo cómo. Se comentaba que encontró oro, pero por aquí nunca ha habido mucho oro.

Parece de todas formas, que todo eso no le interesaba demasiado, pues con el dinero obtenido no intentó convertirse en uno de esos grandes próceres de la patria, influyentes, aburridos y de rancia caducidad. Tomó la decisión de apartarse del mismo mundo que le había encumbrado, y para eso se hizo con unas tierras, no mucho, unas cuantas hectáreas. Era una buena zona, fértil y fresca, por la cual pasaba un riachuelo y cuyo terreno resultaba propicio para los pozos. Allí reunió algo de ganadería, los aperos necesarios para el cultivo de la tierra y unos cuantos animales domésticos.

Sobre los límites de su propiedad construyó un sólido muro de cemento y piedras, de un grosor poco normal y una altura desmesurada. En realidad era una muralla infranqueable de ambos lados, pues quiso expresamente que desde dentro no pudiera accederse a la parte superior de la muralla, ni para vigilar ni para otear. Eliminó el horizonte de las vidas de todos aquellos habitantes del interior cuando el muro terminó de construirse.

Han de saber que aquella tapia contaba con una característica especial: no tenía ningún orificio; era inexpugnable porque no contaba con ningún saliente o entrante, y tampoco había puertas.

Así transcurrieron muchos años; al principio se comentó el suceso como la obra de un loco, pero con el paso del tiempo todo se olvidó y no se le dio mayor importancia.

Después, muchísimo tiempo después, aquella zona antes apartada fue absorbida por lo que molientemente llamamos «civilización», y la gente comenzó a curiosear los alrededores del muro. Los más osados aprovecharon su deterioro para hacer pequeños orificios y mirar el interior. No fueron capaces de ver nada diferente del exterior, y eso les motivó para aumentar las pesquisas.

Se convirtió en una especie de reto al valor franquearlo y penetrar allí, sobre todo las noches de luna que en la Pampa aterran.

Mas las cosas no pasaban de ahí. El tiempo reavivó el misterio del muro y convirtió los comentarios en una especie de hormigueo nervioso que llegó a trascender hasta la oficialidad; ésta, con la excusa de que las cosas no podían continuar así -«¡quién sabe qué crímenes abominables podían cometerse allí y quedar impunes»-, tomó la decisión de mandar una Comisión Oficial Especial para dialogar con los incomunicados habitantes del interior.

Llegó el gran día: desvelar el misterio puso expectante a todo el país. Cuando regresó la comisión, el desencanto y una renovada curiosidad se adueñó de la gente: no habían sido capaces de contactar con nadie. «Quizá no dimos con la ubicación de los asentamientos por no realizar la búsqueda sistemáticamente». Así, se midieron los muros y se hizo un mapa de las tierras desde fuera, dividiéndolas en zonas para que cada grupo se concentrara en una, registrándolo todo palmo a palmo y anotando cualquier incidencia que no fuese vegetal.

Sin embargo, nada otra vez.

Se había registrado todo y no se hallaron animales domésticos o salvajes. Tampoco rastro alguno de vida humana, presente o pretérita. Sin restos de civilización ni organización urbana. Nada de cadáveres o cementerios; ni pizca de tierra cultivada o señales de que allí hubiese morado algo que no fuese la naturaleza misma.

El desconcierto se apoderó de todos cuando se supo, más tarde, que ni siquiera fantasmas había.

Las necesidades de comunicación provocaron poco a poco el derrumbamiento asistemático del muro, sin orden ni planificación alguna. Todavía ahora pueden verse los escombros en algunas zonas cercanas, incluso quedan trozos de pared en pie, ya muy deteriorados.

¿Qué quedó en el recuerdo? Una inquietud, una especie de miedo inobjetivo, como el provocado por la noticia de un buque fantasma en medio del océano, sin señales ni explicaciones.

Nadie comprendió nada, y nunca pudo saberse si quienes permanecían dentro a la conclusión de la obra, eliminaron las puertas para que nadie entrase o para no salir.

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