11.4.11

CUENTO (1ª pers. sing. pres. indic. verbo contar) SECRETO

A Antonio y Alfonsa

Una cosa es lo que se puede ver o imaginar sobre lo que nos rodea y otra muy diferente el conjunto de mecanismos que mueve todo eso. Pero uno se sorprende cuando por alguna razón sale a la luz un ápice de la maraña que no se conoce. Se nos informa de tantas cosas, que uno acaba por creerse que sabe todo lo que se puede saber. Y cuando ese ápice desconocido aflora, nos defendemos de la monstruosidad que sería saberse ignorante otorgándole a la ignorancia carta de ciudadanía, y lo llamamos realidad. Estoy hablando de muchas cosas, en general, y puede que demasiado abstractamente; pondré unos cuantos ejemplos, cuyo poso común es lo que trato de explicar: es harto conocida la existencia de organizaciones político-criminales supranacionales, mezcla de religión, economía y pseudofilosofía (por ejemplo, la cia, la masonería, el cristianismo, la mafia o la democracia) cuya apariencia es un funcionamiento transparente a los ojos de todo el mundo, pero que ocasionalmente nos sorprende porque se descubre esta o aquella faceta hasta ese momento ignorada. A partir de ahí sería lógico desconfiar de tantas y tantas otras cosas aparentemente inofensivas... y no sólo dentro de ellas; también pensar que cualquier acontecimiento guarda un secreto, una dimensión vedada. Pero como dije, nos protegemos creyéndonos que nuestra ignorancia se identifica con la realidad. Es el camino más fácil. Pues bien, yo he descubierto una de esas estratagemas, quizá de las mejor montadas desde siempre. Se transmite consuetudinariamente, de forma oral, y por lo tanto no deja huellas; por eso no puedo aportar pruebas materiales, pero invoco a la capacidad de reflexión de todos los que quieran escucharme y no pertenezcan a esa "organización".

No sé exactamente en qué consiste, y ello priva de fuerza a mi afirmación. Tampoco sé qué jerarquía interna la rige, ni cómo se desenvuelven sus rituales, si los hay. Pero las funestas consecuencias que tiene para sus miembros (consecuencias observables en el mundo real, y eso me apoya), me ha decidido a desenmascararla. Durante un tiempo estuve tentado de pasar a formar parte de ella conscientemente para conocerla mejor, pero me he percatado de que una vez dentro de la Organización, se obliga a todo el que pertenece a ella a guardar un riguroso silencio; la entrada, además, es irreversible. Por tanto, mi labor de advertencia se vería imposibilitada, estaría amordazado. Así, debo contentarme con saber lo poco que sé de ella para no verme sujeto a sus normas de funcionamiento. No sería de extrañar en ninguna secta de este tipo que no se pueda salir tras aceptar la entrada, pero en esta Organización eso es injusto porque quien entra en ella no sabe que lo hace (casi nunca). Eso la convierte en injusta y cruel, porque cercena la libertad de sus componentes sin que éstos quieran renunciar a ella. Consecuentemente su carácter se vuelve más agrio, y sólo hay dos posibilidades: 1)tras conocer la existencia de la Organización (una vez dentro) los individuos exhiben una especie de "felicidad" cuya raíz se encuentra en la prepotencia que proporciona el conocimiento intrínseco de toda la realidad, son petulantes, desdeñan a todo aquel que no pertenece a la Organización y se atrincheran en su núcleo familiar como si éste fuera el estrato más paradisíaco al que se puede acceder; 2)una vez en la Organización, el individuo reniega de ella pero los mecanismos internos le impiden manifestarlo así, entonces el individuo se vuelve taciturno, y desdá el paso que le había introducido en la Organización, pero no por eso la abandona; también hay mecanismos previstos para ello, o provoca a la Organización con posturas socialmente reprobadas, pero su lucha estéril acaba volviéndose contra él, que vuelve a ser asimilado por la misma.

Pero en ambos casos hay un progresivo apagamiento de la ilusión del individuo, acepta las cosas como le vienen (cada vez más, a medida que pasa el tiempo), y esto es lo fundamental: desde la Organización se le arrincona paulatinamente hasta que acepta que no hay posibilidades de cambiar el mundo. Tras ello el individuo comienza a vegetar hasta que muere. La Organización le absorbe la juventud, lo aniquila, marchita su esencia de  protesta, anula su personalidad, injusta y alevosamente. El conformismo es la gran característica del individuo que pertenece a la Organización, y al mismo tiempo el egoísmo, porque se va haciendo insolidario y melancólico llegando en ocasiones a no querer pensar, a la peor especie de suicidio, el solipsismo y la dipsomanía.

El hecho es que de un acto aparentemente inocente, como puede ser el matrimonio (al fin ¿qué diferencia hay entre un casado y un soltero? ¿qué puede hacer el primero que al segundo le esté vedado? ¿entonces no sería más sensato no dar ese paso que es gratuito?) se derivan todas las funestas consecuencias antes apuntadas. Quizá arriesgo demasiado al desvelar esta Organización, y en poco tiempo algún esbirro de la misma me haga callar (quizá obligándome a pertenecer a ella o simplemente asesinándome), pero será un vano intento, porque yo no existo. Eso ahora no importa. Mi intención es exhortar a todos los que aún no pertenecen a ella a que reflexionen sobre mis palabras. Sé que los datos que aporto son escasos, y pueden parecer puras interpretaciones. Pero, ¿qué sentido tiene correr ese riesgo? La tragedia es tan cercana, y quizá tras el paso irreversible dado por ti mismo, estas palabras se materialicen en una amarga lágrima que humedezca la almohada de tu tálamo matrimonial.

¡No lo hagas! O verás en la triste felicidad de tu hogar inmóvil, en el repleto carro de la compra (ostentación vana), en la mirada del acólito que te inicie a la Organización, un reflejo irónico, sus ojos vacíos te demostrarán mi inexistencia. Pero será tarde.

No hay comentarios: