Una tarde de primavera, mientras paseaban por el jardín fragante, el maestro rompió el silencio y le dijo al discípulo:
—Por favor, cuéntame. ¿En qué he fallado?
Comoquiera que el discípulo se detuvo y le miró a los ojos con su joven fuerza, el maestro insistió:
—¿Por qué no me amas?
Silencio.
Se encaminó hacia la puerta y nunca se le volvió a ver.
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