8.4.11

NUEVA VERSIÓN DEL MITO DE EDIPO DESDE UN PUNTO DE VISTA ESTRICTAMENTE SEXUAL

A Cirilo

En mi pecho laten las fuerzas de todos los dioses mitológicos. Fue así desde mucho antes de mi nacimiento. El porcentaje de posibilidades no viene a cuento. Con frecuencia se hacen bellos versos que hablan de los dos extremos de la vida: mi existencia es un ejemplo. La sangre blanca que me dio la vida le sustrajo la fuerza al corazón del dios que concibió mi idea.

Así, mi madre me creyó prolongación de la existencia paterna casi por influjo de las divinidades. El hecho es que el amor puede cambiar fácilmente de objeto si no hay conflicto.

Vida sin más pensamiento que el fluir de los días era el olor de la morada en que mi madre y yo éramos los únicos habitantes.

Mi educación ─eso lo he sabido después─ transcurría con el velo de un tabú que le da la vida a todo lo existente.

Entonces ¿por qué debía yo saber que causas y efectos se estaban abalanzando sobre mi persona? Yo únicamente actuaba respondiendo a los instintos animales que me constituyen como varón, cuando se produjo "la traición de las esponjas".

Dos consecuencias inauditas hicieron que mi vida girara inesperadamente justo en la cifra 13 (como siempre, éramos conducidos por unas fuerzas desconocidas). Primero, a partir de entonces sólo el silencio y la miseria al principio, y más tarde el trabajo ocuparon mi vida. Segundo, a partir de entonces mi madre... («el amor puede cambiar fácilmente de objeto si no hay conflicto») sustituyó el conflicto por el olvido de mi recuerdo.

Abandoné la ciudad que me vio nacer para intentar mejorar materialmente. También abandoné todo recuerdo (eso creo).

Treinta años de abstinencia, sin sexualidad compartida y ahora esto. El amor es una criatura con perfumes deliciosos y promesas incomparables entre sus fauces. Así al menos es el mío. Una criatura de diez y siete años que me corresponde.

Supongo que no debo explicar más; la suma es una sabiduría tan común...

Me temo que, igual que ha sido durante generaciones, seguirá por los siglos desconocido para el público el mito que encarno. Volveré a esa ciudad donde mi madre con su hálito seca la tierra, pero sólo si antes trasciendo la frontera de la inexistencia, el gran enigma.

Porque ¡sabedlo, imbéciles! Mi amor será mi muerte.

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