A Bea. In memoriam
Al Cambalache
«La propiedad es un robo», dijo Proudhon, pero se equivocaba. Alguien puede imaginar que posee algo, lo tiene dentro y por eso es suyo; o algo flota en el aire y le pertenece, le puede pertenecer. Nada más lejos de esa verdad que nos ocultamos: nuestras manos están vacías, desnudos somos y ni cuerpo poseemos. El gran viaje, no obstante, será privador de todas las cargas: liberación y miseria, pues el aire será nuestro sinónimo. Probablemente sea un robo, lo es, pero antes es una ilusión óptica. Disponer de algo cuando se quiera no es poseerlo, y mucho menos tenerlo en propiedad. Las cosas pasan por nosotros y hasta los sentimientos son leves espejismos, destellos de uno mismo que se evaporan. Si no sabes quién eres, ¿cómo puedes poseerte, y mucho menos poseer algo o a alguien?
«Nadie debería ser olvidado», dijo Gilo, y hoy quiero pensar en todos a quienes he conocido; un homenaje porque no sería sin ellos. Podría dedicarle un poema a cada uno, retratarles con la fugaz pincelada, vida-esbozo, y llorar un poco. Muchos han desaparecido (muertos o casados), y la injusticia de Dios -su inexistencia- hace que mueran quienes necesitamos más, pero eso lo sabemos después. La muerte es la clave, referencia de interpretación para la vida; su sentido.
«Siempre se mueren los demás, los otros», dijo Duchamp; ¿pero hay que gritar acaso? ¡Si todos lo sabemos! La realidad es frágil, y cada encuentro es un milagro; aprovechar este (de tus ojos con mi escrito) es el único motivo de este desvarío inclasificable.
Hoy me duelen los muertos.
Hoy los busco en mí,
y me torturo por no haber sabido
a tiempo
besar más;
no digo que quienes he conocido
sean los mejores.
Hoy digo que los amigos
son demasiado pocos
entre tanta incomprensión.
Beso al tiempo y le escupo en la boca, hoy
por no haberte conocido antes de morir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario